El tipo se queda sólo. Más sólo que "José el carpintero" en el día del padre. Porque de estar rodeado de una horda de viejecillas equipadas con crucecitas, rosarios de cuentas perladas e, infaltable, una buena limosnilla para dejar en la canasta del prelado de turno, pasó a la fría y distante compañía de cuatro o cinco limpiavidrios de semáforo. Bueno, a veces también hay alguno que vende flores, alfajores de maizena o chancletas havaianas. Se lo ve triste. Ya no sonríe como antes. Por eso insto a todo aquel que ande por las inmediaciones de Avda. Italia y Bvar. Artigas a que se de una vuelta, se acerque a saludarlo, se tome unos mates con él, le charle sobre las aventuras de Mª Auxiliadora y sus pequeños monaguillos, en fin, que le hagan la vida un poco más placentera. Pobre hombre, pensar que tiene que soportar los cantos del pastor Márquez y sus acólitos cada fin de semana.
Jean Georges, reportándose desde Ganímedes. |